
Foto: Archivo revista
Respirar es quizá el acto más cotidiano e inadvertido que realizamos. Lo hacemos mientras caminamos por una avenida, esperamos el bus, tomamos un café, hacemos ejercicio o simplemente miramos la ciudad desde una ventana. Miles de veces al día el aire entra y sale de nuestros pulmones sin que pensemos demasiado en él.
Pero en una ciudad como Medellín hay una pregunta que vale la pena hacerse: ¿qué estamos respirando?
Rodeada de montañas y asentada en el Valle de Aburrá, Medellín posee una geografía privilegiada que forma parte de su belleza, pero que también representa un desafío para la calidad del aire. En determinadas condiciones meteorológicas, la forma del valle puede dificultar la dispersión de los contaminantes y favorecer su acumulación cerca de la superficie. La propia Alcaldía de Medellín advierte que factores geográficos y climáticos pueden favorecer esta situación en algunas épocas del año.
Y aunque no siempre podamos verlo ni olerlo, en el aire pueden encontrarse partículas y gases procedentes de diferentes actividades humanas.

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Un enemigo diminuto
Entre los contaminantes que se vigilan en el Valle de Aburrá hay uno que merece especial atención: el material particulado PM2.5.
Su nombre parece complejo, pero hace referencia simplemente a partículas cuyo diámetro es igual o inferior a 2,5 micrómetros. Son tan pequeñas que resultan invisibles a simple vista.
El Área Metropolitana del Valle de Aburrá considera el PM2.5 como el contaminante crítico de la región, pues los registros históricos muestran que es el que más deteriora la calidad del aire y uno de los que representa mayor riesgo para la salud debido precisamente a su tamaño microscópico.
Los datos oficiales ayudan a derribar una idea común: cuando pensamos en contaminación solemos imaginar grandes chimeneas industriales expulsando humo. Sin embargo, el inventario de emisiones del Valle de Aburrá, con año base 2022, estimó que el 96 % de las emisiones directas de PM2.5 corresponde a fuentes móviles y el 4 % a fuentes fijas. Entre los vehículos, camiones, volquetas y buses de servicio especial aparecen entre los mayores emisores de este material particulado fino.

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Esto convierte la movilidad en una parte fundamental de la conversación sobre el aire que respiramos.
Cuando una partícula llega mucho más lejos que los pulmones
El verdadero problema del PM2.5 no está únicamente en que lo respiremos, sino en lo que puede suceder después.
Por su diminuto tamaño, estas partículas pueden penetrar profundamente en los pulmones. La Organización Mundial de la Salud explica que incluso pueden atravesar la barrera pulmonar y alcanzar el torrente sanguíneo. La exposición al material particulado está asociada con efectos respiratorios y cardiovasculares y con un mayor riesgo de enfermedades como cardiopatía isquémica y accidente cerebrovascular. La exposición prolongada también se ha relacionado con cáncer de pulmón.
Esto cambia la manera de entender la contaminación.
No estamos hablando solamente de cielos grises, humo o una molestia ambiental. Estamos hablando también de salud pública.
La evidencia científica actual relaciona la contaminación atmosférica con efectos sobre los sistemas respiratorio, cardiovascular y cerebrovascular, entre otros.

Aunque la contaminación atmosférica puede afectar a cualquier persona, existen grupos que requieren especial cuidado.
Niños, adultos mayores, mujeres embarazadas y personas que viven con enfermedades respiratorias o cardiovasculares se encuentran entre las poblaciones particularmente vulnerables.
Para alguien que vive con asma, bronquitis, enfermedad pulmonar obstructiva crónica u otra afección respiratoria, un episodio de mala calidad del aire puede representar algo más que una incomodidad.
Tos persistente, dificultad para respirar, opresión en el pecho, silbidos al respirar, irritación de ojos, nariz o garganta y una fatiga fuera de lo habitual son síntomas ante los cuales las autoridades sanitarias recomiendan prestar atención y consultar al servicio médico cuando corresponda.
¿Entonces Medellín tiene un aire peligroso?
Aquí es importante evitar el alarmismo.
Hablar de contaminación atmosférica no significa afirmar que todos los días el aire de Medellín sea peligroso. La calidad cambia según las emisiones, las condiciones meteorológicas, el lugar y el momento. De hecho, otras ciudades en el mundo, poseen la misma situación de Medellín, pero sus gobiernos se encargan diariamente de monitorear y crear planes de contingencia para mitigar el impacto ambiental.
Precisamente en nuestra ciudad, también existe una red de monitoreo que permite conocer el comportamiento de diferentes contaminantes.
Durante 2024, por ejemplo, la Red de Calidad del Aire del Valle de Aburrá contó con 24 puntos automáticos de medición de PM2.5 distribuidos entre Medellín y los otros nueve municipios del valle.
El Índice de Calidad del Aire permite traducir esas mediciones en categorías comprensibles para los ciudadanos. Los colores van desde verde, asociado a una buena calidad del aire, hasta categorías que indican mayores niveles de riesgo y requieren incrementar las precauciones.
Por eso, antes de salir a correr, montar bicicleta o realizar ejercicio intenso al aire libre —especialmente si se pertenece a un grupo sensible— resulta útil revisar cómo se encuentra la calidad del aire.

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No podemos dejar de respirar, ni sería razonable vivir con miedo al aire de nuestra ciudad. Pero sí podemos tomar decisiones más informadas.
Durante periodos en los que la calidad del aire se deteriora, las autoridades de salud recomiendan que las personas especialmente vulnerables reduzcan los esfuerzos prolongados al aire libre según el nivel de riesgo. También aconsejan evitar el humo del tabaco y consultar ante síntomas respiratorios o cardiovasculares importantes.
Pero cuidar el aire tampoco puede convertirse exclusivamente en una responsabilidad individual.
Las decisiones sobre transporte, combustibles, renovación del parque automotor, industria, planificación urbana y movilidad sostenible tienen un impacto colectivo. Medellín y el Valle de Aburrá cuentan desde hace años con planes, protocolos y estrategias orientados al seguimiento y mejoramiento de la calidad atmosférica.
Y ahí aparece quizás la reflexión más importante.
Durante décadas hemos asociado la salud con lo que comemos, cuánto ejercicio hacemos o cada cuánto visitamos al médico. Sin embargo, existe otro elemento que acompaña cada minuto de nuestra vida y sobre el cual pocas veces pensamos: el aire.
Medellín sigue siendo esa ciudad verde, montañosa y de clima amable que inspira el nombre de La Eterna Primavera. Cuidarla también significa mirar aquello que no aparece en las postales.
Porque respirar parece automático.
Respirar un aire cada vez más limpio, en cambio, es una tarea de todos.