
Foto: cortesía Bureau de Medellín y Antioquia
Cada año, cuando la ciudad se viste de flores y miles de personas ocupan las calles para celebrar una de las fiestas más representativas del país, los aplausos suelen dirigirse a las coloridas silletas que recorren paso a paso deslumbrando a los espectadores.
Sin embargo, detrás de cada una de estas emblemáticas silletas, hay meses de trabajo, familias enteras dedicadas al cultivo de flores y una tradición campesina que ha logrado mantenerse viva por casi siete décadas.
La historia de la Feria de las Flores comenzó en 1957, cuando Arturo Uribe Arango, entonces director de la oficina de Fomento y Turismo de Medellín, invitó a un grupo de campesinos de Santa Elena a desfilar por la ciudad con las flores que cultivaban y transportaban en sus tradicionales silletas. Lo que inició como un homenaje al trabajo de estas familias se transformó con el tiempo en el evento insignia de la feria y en uno de los símbolos más reconocidos de la cultura antioqueña.

Foto: Cortesía del Bureau Medellín y Antioquia
Entre quienes participaron en aquel primer desfile estuvo David Emilio Sánchez, abuelo de Rodrigo Sánchez, actual silletero y representante de la tercera generación de una familia que ha dedicado buena parte de su vida a preservar esta manifestación cultural.
“Mi abuelo fue uno de los fundadores del desfile en 1957. Mi papá heredó de él la tradición y fue quien nos enseñó el oficio de elaborar las silletas. Hoy nosotros somos la tercera generación y esperamos que nuestra hija continúe este legado como la cuarta”, cuenta Rodrigo.
Sus palabras recuerdan que la tradición silletera no comenzó con la Feria de las Flores. Mucho antes de que existiera el desfile, los campesinos de Santa Elena utilizaban las silletas para transportar flores, alimentos y otros productos por los caminos de montaña hacia Medellín. La feria convirtió ese oficio cotidiano en un símbolo de identidad para toda la ciudad.

Foto: Cortesía del Bureau Medellín y Antioquia
Con el paso de los años, la celebración fue creciendo. A los silleteros se sumaron el Desfile de Autos Clásicos y Antiguos, el Festival Nacional de la Trova, las fondas, los tablados musicales, conciertos y múltiples actividades culturales que hoy conforman la programación oficial. Sin embargo, el Desfile de Silleteros continúa siendo el corazón de la Feria de las Flores y el momento más esperado por miles de visitantes locales y extranjeros.
Pero pocas personas conocen el gran trabajo que existe detrás de una silleta.
“Nos preparamos durante todo el año para que las flores florezcan justamente cuando las necesitamos. Hacer una silleta es una labor muy ardua y, sobre todo, un trabajo en familia”, explica Rodrigo.
En su caso, la elaboración de una silleta emblemática requiere alrededor de quince días de trabajo continuo, en los que participan entre cinco y seis personas. El proceso incluye el diseño, la construcción del armazón y la cuidadosa ubicación de cerca de veinte variedades de flores, entre ellas rosas, lirios, anturios, claveles, micro pompones y estatis.
Aunque las silletas emblemáticas son planas, pueden alcanzar los 70 kilogramos de peso, mientras que otras categorías, como la monumental o la artística, pueden superar los 100.

Foto: cortesía del Bureau Medellín y Antioquia
Precisamente esa creatividad ha permitido que la tradición evolucione. Si bien, el desfile comenzó con una única modalidad, hoy las silletas compiten en categorías como tradicional, emblemática, monumental, artística y comercial. Cada una es evaluada por un jurado especializado que tiene en cuenta aspectos como el diseño, la composición floral, la técnica y el mensaje representado.
Rodrigo conoce bien esa exigencia. Su trayectoria de tres décadas como silletero le ha permitido obtener primeros y segundos puestos en diferentes oportunidades dentro de la categoría emblemática. Sin embargo, asegura que el mayor reconocimiento sigue siendo otro.
“Cuando desfilamos por Medellín realmente siento una alegría inmensa de ver cómo la gente valora el trabajo que nosotros hacemos, es decir, escuchar un viva, los aplausos, un sí se puede, eso nos llena de mucha fuerza y a pesar del cansancio, nosotros siempre cargamos la silleta con mucha emoción”, afirma.

Foto: cortesía del Bureau Medellín
Ese orgullo también viene acompañado de una enorme responsabilidad: garantizar que la tradición no desaparezca. Por eso, mientras continúa cultivando flores y preparando cada nueva feria, Rodrigo ya enseña el oficio a su hija María Clara, con la esperanza de que ella represente la cuarta generación de silleteros de la familia Sánchez.
Quizá esa sea la verdadera razón por la que la Feria de las Flores sigue floreciendo cada año. No son únicamente los desfiles, los conciertos o las fondas los que mantienen viva esta celebración, sino las familias que, desde las montañas de Santa Elena, han transmitido de generación en generación el amor por una tradición que hoy hace parte del patrimonio cultural de Colombia.
Para Rodrigo Sánchez, la mejor manera de resumirlo es una frase que ha heredado de sus abuelos y que todavía guía cada uno de sus pasos durante el desfile:
“Cargar una silleta es llevar sobre los hombros el legado de nuestros abuelos. Es preservar una tradición para que siga viva en el tiempo.”
Porque las flores pueden marchitarse al terminar la feria, pero el legado de los silleteros continúa floreciendo, año tras año.