Foto: Alexandra Calderón Cuartas 

En Medellín, la moda no solo se crea, también se hereda. Las ruanas y las capas, que alguna vez fueron prendas esenciales del vestuario paisa, hoy siguen inspirando a diseñadores y marcas que encuentran en ellas un equilibrio entre tradición, sofisticación y modernidad. Su evolución demuestra que la elegancia no pertenece a una época, sino que se transforma junto su gente.

Medellín es una ciudad que respira moda. Sus calles, sus diseñadores y su industria textil la han convertido en un referente nacional e internacional. Sin embargo, antes de que las pasarelas y las grandes marcas definieran su estilo, ya existían prendas que representaban la identidad paisa: las ruanas.

Aunque su origen está ligado a la necesidad de protegerse del frío en las montañas antioqueñas, estas prendas trascendieron su función práctica para convertirse en piezas que reflejan tradición, calidad y buen gusto. Durante décadas hicieron parte del vestuario de campesinos, comerciantes y familias de la ciudad, demostrando su gran funcionalidad.

Foto: Alexandra Calderón Cuartas 

Con el crecimiento de Medellín como centro industrial y textil, las ruanas y las capas comenzaron a transformarse. La ciudad desarrolló una amplia tradición en el diseño y la confección, permitiendo que estas prendas evolucionaran sin perder su esencia. Los tejidos se diversificaron, aparecieron nuevos cortes y las siluetas se adaptaron a una sociedad cada vez más moderna.

Hoy, aunque la forma de vestir es diferente y las tendencias cambian constantemente, las ruanas y las capas siguen ocupando un lugar importante en la moda paisa. Ya no son prendas reservadas únicamente para los municipios de clima frío o para ocasiones especiales; ahora forman parte de colecciones contemporáneas que combinan comodidad, sofisticación y diseño.

En una ciudad reconocida por eventos como Colombiamoda y Colombiatex, estas prendas demuestran que la innovación también puede construirse a partir de la tradición. Y es precisamente dentro de esa historia textil de Medellín donde encontramos marcas que han sabido tomar ese legado, conservarlo y permitirle evolucionar.

 

Foto: Alexandra Calderón Cuartas 

Marquis: una historia que comenzó entre hilos

Para comprender la historia de Marquis hay que regresar más de cinco décadas, cuando Eva y David Manevich fundaron en Medellín una empresa familiar dedicada al tejido.

En aquellos primeros años, la compañía era esencialmente productora. Fabricaba principalmente suéteres masculinos clásicos que posteriormente eran comercializados por otros almacenes. Eran aquellas prendas de vestir que acompañaban camisas, corbatas y trajes y que durante décadas hicieron parte del guardarropa masculino.

Con el paso de los años llegó la línea femenina, aparecieron nuevas posibilidades de diseño y aquella experiencia acumulada alrededor del tejido comenzó a encontrar otros caminos.

La creación de una marca propia surgiría posteriormente y tendría inicialmente a Bogotá como escenario. Una integrante de la familia se trasladó a la capital y encontró allí una oportunidad: crear almacenes propios que permitieran llevar directamente al público las prendas que la familia sabía producir.

El clima bogotano convirtió naturalmente a suéteres, ruanas y prendas abrigadas en protagonistas. La experiencia funcionó y entonces Marquis llegó a Medellín.

 

Foto: Alexandra Calderón Cuartas 

En el año 2000 comenzaron a abrirse las primeras tiendas de la marca en la ciudad que había visto nacer la empresa productora.

Diana Restrepo conoce muy bien esa historia. Llegó a Marquis hace 26 años como asesora de ventas, cuando apenas comenzaba aquella expansión en Medellín. Fue creciendo dentro de la compañía, asumió nuevas responsabilidades y actualmente trabaja desde el área comercial y de mercadeo.

Su permanencia también cuenta algo acerca de la empresa: Marquis continúa siendo una organización familiar en la que muchas personas han desarrollado buena parte de su vida laboral.

Cuando la ruana encontró una nueva manera de vestirse

La evolución de Marquis coincidió con una transformación mucho más amplia en la forma de entender la ruana.

Aquella prenda tradicionalmente relacionada con el frío comenzó a encontrar nuevas posibilidades.

¿Por qué reservarla únicamente para una finca, una montaña o un viaje a tierra fría?

La ruana podía acompañar también una comida, una reunión, un evento, una tarde en la ciudad o incluso convertirse en protagonista durante la Feria de las Flores.

La marca comenzó entonces a experimentar con siluetas, tejidos y combinaciones diferentes. Ya no se trataba solamente de producir una prenda para abrigar, sino de crear una pieza para vestir.

La capa siguió un camino semejante hasta convertirse en uno de los productos más representativos de Marquis. Sus diseños, texturas y posibilidades cromáticas hicieron de ella una prenda capaz de transformar un atuendo sin necesidad de grandes artificios.

Y allí aparece uno de los sellos más reconocibles de la marca: el color.

La experiencia de Marquis entre Bogotá y Medellín incluso ha permitido observar cómo dos ciudades colombianas interpretan de manera diferente una misma prenda.

Foto: Revista La Eterna Primavera 

Elegancia sin edad

Marquis también ha entendido que la evolución de la moda pasa por reconocer a las personas que realmente la usan.

Sus prendas no están concebidas exclusivamente para una edad ni para una única silueta. Entre sus clientes pueden encontrarse mujeres desde los 20 hasta los 80 años.

Una misma capa puede ser llevada por dos mujeres completamente diferentes y adquirir en cada quien, una personalidad distinta.

Allí aparece un concepto especialmente valioso: la atemporalidad.

Aunque las colecciones observan las tendencias y la compañía desarrolla entre tres y cuatro propuestas durante el año, la intención es rescatar de la moda aquellos elementos capaces de permanecer. Prendas que no pierdan sentido cuando termine una temporada.

Porque quizá la verdadera elegancia tenga mucho más que ver con aquello que permanece que con aquello que cambia constantemente.

Foto: Revista La Eterna Primavera 

Del hilo a la prenda

Hay algo especialmente significativo detrás de esta historia: Marquis conserva una profunda relación con la producción textil de Medellín.

A través de Creaciones Monteblanco, la empresa donde se desarrolla la producción, buena parte del proceso comienza desde el hilo y continúa hasta llegar a la prenda terminada.

Tejido, corte a mano, confección, acabados, planchado y empaque forman parte de una cadena en la que todavía existe una importante presencia del trabajo manual.

Algunas prendas son cortadas individualmente con tijera. Muchos de sus procesos requieren manos expertas que revisan, terminan y acompañan cada pieza hasta alcanzar el resultado esperado.

Es una manera de producir que conserva algo profundamente ligado a la tradición textil antioqueña: el oficio.

Detrás de una ruana o una capa existen manos prodigiosas, además, un conocimiento acumulado durante décadas y personas que conocen el comportamiento de un tejido casi desde que comienza a convertirse en prenda.

La compañía cuenta actualmente con decenas de colaboradores entre su planta de producción y sus almacenes. Una parte importante de ese equipo está conformada por mujeres, muchas de ellas cabeza de hogar, y algunas acumulan largos años de trabajo dentro de la organización.

La historia empresarial termina siendo entonces también una historia humana.

Foto: Alexandra Calderón Cuartas 

Cachemir: un sello de la casa

Dentro de esa tradición textil existe un material particularmente ligado a la identidad de la compañía: el denominado Cachemire.

Se trata de un tejido desarrollado para conseguir una sensación de suavidad inspirada en el tacto del cachemir natural y que, mediante procesos propios de la empresa, adquiere características que lo han convertido durante años en uno de los materiales emblemáticos de sus prendas.

Su suavidad, comportamiento térmico y durabilidad ayudaron a construir buena parte de la identidad inicial de la marca.

Las temperaturas actuales y las nuevas formas de vestir hicieron necesario explorar otras posibilidades. La compañía comenzó entonces a incorporar materiales más frescos y ligeros que permitieran conservar la elegancia de las prendas sin limitar su utilización a los días fríos.

Dentro de esa evolución también apareció una línea elaborada con 70 % algodón reciclado y 30 % poliéster proveniente de botellas recicladas, incorporando una nueva mirada sobre los materiales y su aprovechamiento.

Así, una empresa que durante décadas construyó su experiencia alrededor de un tejido tradicional comenzó también a responder a conversaciones contemporáneas sobre sostenibilidad, clima y nuevas formas de consumo.

Foto: Revista La Eterna Primavera 

Para esta temporada, Marquis propone ruanas, capas, buzos, chalecos, suéteres y otras piezas elaboradas en materiales más frescos, acompañadas por flores, texturas y una amplia presencia de color.

Ya no se trata de vestirse como lo hacían generaciones anteriores.

Se trata de tomar aquello que nos pertenece y encontrar una manera contemporánea de llevarlo.

Marquis, una empresa nacida en Medellín, construida alrededor del tejido y mantenida durante generaciones por una familia que encontró en la ruana, la capa, el suéter y otras prendas la posibilidad de hacer algo más que vestir.

Las ruanas y las capas son, en esencia, un reflejo de Medellín: una ciudad que honra su historia sin dejar de avanzar. En cada tejido, cada corte y cada nueva interpretación permanece el legado de una tradición que continúa inspirando a diseñadores, marcas y nuevas generaciones.