
Foto: Alexandra Calderón Cuartas
Hay lugares que se conocen al cruzar una puerta y otros que comienzan a sentirse mucho antes de comprenderlos. 23 Hotel pertenece a estos últimos. Entre vegetación abundante, materiales de apariencia natural, formas orgánicas y una arquitectura que parece conversar permanentemente con el paisaje, este hotel boutique de Medellín propone una manera diferente de experimentar la ciudad: cercana, fresca, desprevenida y profundamente conectada con el trópico.
Su nombre guarda, además, la esencia de toda su filosofía. El número 23 hace referencia a los aproximadamente 23 grados de inclinación del eje de la Tierra, responsables, entre otros factores, de la manera en que recibimos la luz del sol y de la existencia de las estaciones y los diferentes climas del planeta. Desde Medellín, ciudad privilegiada por una temperatura que durante buena parte del año invita a vivir hacia afuera, el concepto fue transformado en una evocadora promesa: sol, naturaleza y unas vacaciones que parecieran no terminar nunca. De allí surge el espíritu de 23 Hotel.

Foto: Alexandra Calderón Cuartas
.La intención es que quien atraviese sus puertas pueda sentirse, por momentos, dentro de un pequeño bosque tropical, rodeado de verde y apartado del ruido, pero sin abandonar la ciudad. A pocos pasos esperan los restaurantes, las calles, el comercio y la vida cosmopolita de El Poblado. Esa dualidad —naturaleza y ciudad— se convierte en uno de sus mayores atractivos.
Quizás una de las mejores maneras de entender a 23 Hotel sea precisamente a través de aquello que no pretende ser. “Aquí el lujo no necesita levantar la voz”.
No está construido alrededor de la solemnidad, los códigos excesivos ni aquella antigua idea de hospitalidad donde la elegancia parecía estar inevitablemente asociada con la distancia. Por el contrario, el hotel apuesta por una sofisticación mucho más contemporánea: espacios cuidadosamente concebidos, atención personalizada, diseño, comodidad y, especialmente, calidad humana.
Desde la recepción, el trato abandona deliberadamente las formalidades innecesarias para privilegiar una relación más amable y cercana con el huésped. La intención es que nadie tenga la sensación de haber entrado a un lugar al cual debe demostrar que pertenece.

Foto: Alexandra Calderón Cuartas
Ese carácter también se manifiesta en su arquitectura. El diseño es protagonista, pero nunca resulta frío. La vegetación suaviza las estructuras; las texturas aportan calidez y los espacios parecen pensados para permitir que el visitante baje el ritmo y simplemente permanezca.
No sorprende entonces que 23 Hotel haya recibido reconocimiento internacional por su propuesta de diseño y haya sido incluido dentro de importantes selecciones internacionales de hospitalidad.
El hotel abrió sus puertas en 2021 y se convirtió en el punto de partida de una propuesta que posteriormente crecería hasta convertirse en Hoteles 23, una operadora independiente nacida en Medellín.
Actualmente, el concepto se expande con 23 Living, ubicado a pocos pasos y concebido como una extensión de esa misma filosofía, aunque con una experiencia diferente.

Foto: Alexandra Calderón Cuartas
Mientras 23 Hotel cuenta con 28 habitaciones hoteleras, distribuidas entre categorías Standard, Standard Plus, Superior y Suite, 23 Living lleva el concepto hacia estancias de mayor amplitud, combinando habitaciones con apartamentos completamente dotados.
Los espacios de 23 Living comienzan alrededor de los 68 metros cuadrados y pueden alcanzar dimensiones extraordinarias, con alternativas que incluyen sala, comedor, cocina equipada, una o dos habitaciones, balcones y, en algunas categorías, jacuzzi privado.
Pero más allá de las diferencias entre ambos edificios, existe una decisión fundamental: funcionan como un solo ecosistema.
El huésped de 23 Hotel puede disfrutar determinados espacios y experiencias de 23 Living y viceversa. Restaurantes, actividades culturales, zonas sociales y propuestas de bienestar terminan conectando ambos lugares y ampliando considerablemente la experiencia de hospedarse allí.

Foto: Alexandra Calderón Cuartas
El Valle de Aburrá contado desde la arquitectura
Si 23 Hotel habla del trópico, 23 Living habla de Medellín y del Valle de Aburrá, y lo hace sin recurrir a representaciones obvias.sfda
Su arquitectura contiene pequeños relatos que deben descubrirse.En algunos pisos aparecen trazos inspirados en las montañas que rodean la ciudad; otros elementos evocan nacimientos de agua y quebradas que recorren el valle hasta desembocar en el río Medellín. En las paredes pueden encontrarse reinterpretaciones de plantas de maíz, piezas asociadas a antiguos telares y formas inspiradas en objetos pertenecientes a las comunidades indígenas que habitaron el territorio.
Incluso algunas líneas fueron creadas a partir de la silueta real de las montañas observadas desde el propio edificio.
Son detalles discretos, casi secretos, que permiten que el Valle de Aburrá esté presente sin necesidad de convertirse en una escenografía.
Esa lectura del territorio transforma a 23 Living en algo más que una extensión del hotel: es también una interpretación arquitectónica de la geografía y de la memoria del lugar donde fue construido.

La experiencia de 23 también ha comenzado a construirse alrededor de la gastronomía.
En el complejo conviven propuestas independientes que complementan la estadía y, al mismo tiempo, permiten que quienes viven en Medellín puedan acercarse al hotel sin necesidad de hospedarse.
Entre ellas se encuentra Azul Selva, especializado en brunch y cocina consciente, una propuesta que dialoga naturalmente con la identidad vegetal del lugar.
A esta oferta se suman conceptos gastronómicos y bares que convierten diferentes espacios de los edificios en puntos de encuentro, desde propuestas alrededor del vino hasta experiencias culinarias de inspiración internacional.

Foto: Alexandra Calderón cuartas
Uno de los conceptos presentes en el universo de 23 es Kuro, cuya cocina establece un puente entre Japón y el Pacífico colombiano, explorando dos territorios unidos geográficamente por el mismo océano.
Su propuesta va más allá de sentarse a la mesa. Actividades como clases de sushi y experiencias gastronómicas abiertas al público convierten la cocina en una oportunidad para aprender, compartir y descubrir.
Precisamente esa integración de marcas gastronómicas hace que el hotel comience a comportarse como un pequeño distrito dentro de la ciudad.
Cultura que también se hospeda
Desde finales de 2023, el hotel decidió incorporar otro elemento a su propuesta: la cultura.
Por ello, desarrolla una programación que puede incluir clases de cocina, noches de flamenco, encuentros alrededor del bullerengue, cineclub, clubes de lectura, exposiciones artísticas y muestras fotográficas.
Muchas de estas actividades son de entrada libre con inscripción previa y no están pensadas exclusivamente para los huéspedes.
El proyecto también abre sus espacios a artistas y fotógrafos locales para exhibir sus trabajos, permitiendo que visitantes nacionales y extranjeros conozcan nuevas expresiones creativas de la ciudad y tengan incluso la posibilidad de adquirir directamente algunas de sus obras. El resultado es una forma distinta de entender el turismo.
El viajero no solamente duerme en Medellín: entra en contacto con quienes la crean, la cocinan, la fotografían, la bailan y la cuentan.

Foto: Alexandra Calderón Cuartas
El crecimiento de 23 Living también está llevando el proyecto hacia una experiencia más amplia de bienestar.
Nuevos espacios contemplan propuestas de entrenamiento, pilates, relajación, masajes y terapias relacionadas con el agua y la temperatura, reforzando esa idea contemporánea de que viajar también puede significar detenerse y cuidar de sí mismo.
Actualmente, la zona húmeda de 23 Hotel cuenta con un jacuzzi tipo piscina y servicio de bebidas, mientras algunos apartamentos de 23 Living ofrecen jacuzzi privado.
El rooftop se convierte, además, en uno de esos escenarios donde Medellín muestra uno de sus mejores atributos: un clima que invita a permanecer al aire libre mientras las montañas acompañan el horizonte.
Incluso las mascotas hacen parte de la experiencia. La propuesta es pet friendly, permitiendo que los huéspedes puedan viajar acompañados por ellas bajo las condiciones establecidas por el hotel.

Foto: Alexandra Calderón Cuartas
Existe, sin embargo, una idea especialmente interesante detrás de 23: no querer ser únicamente un lugar para turistas.
Durante años, ciertos hoteles construyeron alrededor de sí mismos una frontera invisible. Quien no estaba hospedado podía sentir que restaurantes, terrazas, piscinas o experiencias estaban reservados para unos pocos.
Los restaurantes están abiertos a la ciudad. También buena parte de la programación cultural. El rooftop, el bar y diferentes experiencias pueden ser disfrutados por visitantes externos bajo las condiciones de cada servicio.
Incluso es posible acercarse para disfrutar un día alrededor de las zonas sociales, tomar algo, comer y descubrir el ambiente del hotel sin necesariamente pasar una noche allí.
Es una manera de borrar aquella línea que durante mucho tiempo separó al hotel de la ciudad.
Porque quizás la nueva hospitalidad ya no consista solamente en recibir bien a quien llega de lejos, sino también en abrir las puertas a quien siempre ha estado cerca.

Foto: Alexandra Calderón Cuartas
La eterna promesa del trópico
En una ciudad cuya transformación turística ha sido vertiginosa, los viajeros parecen buscar cada vez menos fórmulas tradicionales y cada vez más lugares capaces de contar una historia, 23 Hotel entendió esa transformación.
Su relato nace del sol, continúa entre la vegetación, encuentra inspiración en las montañas del Valle de Aburrá y termina expresándose en la gastronomía, el arte, la cultura y una manera más humana de recibir.
No necesita proclamarse ostentoso para transmitir sofisticación. Tampoco necesita aislarse de Medellín para convertirse en refugio, quizás ahí radique buena parte de su encanto.
23 Hotel es una promesa de vacaciones en medio de la ciudad; un pequeño universo tropical donde Medellín continúa estando afuera, pero también, de alguna manera, permanece siempre adentro.