Foto: Archivo revista

A veces, las ciudades no solo se construyen con cemento y planos, sino con recuerdos. Con nostalgias que viajan desde otros continentes y encuentran, inesperadamente, un lugar donde volver a florecer. Así ocurrió con Giuliana Scalaberni de Gómez, una mujer cuya sensibilidad transformó un paisaje de Medellín en un legado cultural.

Tras su llegada a Colombia, Giuliana recorrió la ciudad descubriendo sus rincones, sus montañas y su esencia. Fue en el barrio Aranjuez, en la zona nororiental de Medellín, donde encontró un lugar que la conectó profundamente con su pasado: unas colinas desde las cuales podía contemplar la ciudad, tan similares a las de su natal Florencia. Allí, entre la brisa y la memoria, nació un deseo íntimo: construir su hogar.

Ese anhelo, aparentemente sencillo, terminaría marcando la historia cultural de Medellín. Años después de su partida, en 1975, su esposo, el maestro Pedro Nel Gómez, decidió honrar ese sueño. Así, aquel hogar se transformó en la Fundación Casa Museo Pedro Nel Gómez, un espacio donde el arte y la memoria dialogan constantemente.

En la imagen, Giuliana Scalabeni.

Hoy, ese lugar conserva no solo la obra del maestro, sino también la esencia de Giuliana. Su nombre vive en la biblioteca que resguarda fotografías, cartas y documentos familiares, como si aún sus recuerdos habitaran cada rincón. Es un museo que no solo expone arte, sino también una historia de amor, de raíces y de inspiración.

Giuliana no fue artista, pero tuvo algo igual de poderoso: la capacidad de mirar un paisaje y reconocer en él un hogar. Su sensibilidad convirtió una colina en un símbolo, y su memoria sigue siendo el alma silenciosa de uno de los espacios culturales más importantes de la ciudad.

Porque, a veces, basta una mirada para cambiarlo todo. Y Medellín, gracias a Giuliana, aprendió que también se puede construir desde la nostalgia