Pane y Pomodoro nació casi por necesidad. Tras una etapa difícil, con pocos recursos pero con una idea clara, Giancarlo decidió crear un restaurante que le permitiera dar salida a los productos artesanales que ya elaboraba desde Gastronomía Manzana, su proyecto madre. Así, la pizzería se convirtió en el escenario ideal para unir producto propio, técnica italiana y cocina honesta.
Materia prima colombiana, técnica italiana
Uno de los grandes diferenciales de Pane y Pomodoro está en lo que no se ve a simple vista: la trazabilidad del producto. Los embutidos que acompañan las pizzas no son industriales ni comprados a terceros. Son elaborados por el mismo equipo, de manera artesanal, sin conservantes ni aditivos.
Incluso el cerdo —el sanpedreño, una raza colombiana— es criado sin antibióticos ni hormonas, respetando tiempos más largos y procesos más exigentes. “Es más desgastante, pero me gusta comer bien, investigar, probar”, explica Giancarlo. Esa filosofía se traduce en sabores limpios, honestos y coherentes.
A esto se suman productos que sí deben venir de Italia: parmigiano reggiano, pecorino romano, caciocavallo, aceitunas, alcachofas, ingredientes que no admiten copia ni sustitución.
Pizza auténtica: ni romana ni napolitana, sino propia
La pizza de Pane y Pomodoro no pretende encajar en una etiqueta exacta. No es completamente romana ni estrictamente napolitana. Es una pizza que responde al gusto y a la experiencia de su creador.
Con cerca de 30 sabores en carta, el menú se renueva constantemente, manteniendo siempre una base clara: masa viva, ingredientes esenciales y respeto por el proceso.
La pizza insignia es la crua con stracciatella: una marghuerita que, al salir del horno, se corona con stracciatella (el corazón cremoso de la burrata) y prosciutto artesanal de la casa. Sencilla, elegante y profundamente italiana.
¿Crujiente o suave? Depende de la historia
Giancarlo lo explica sin dogmas: hay estilos de pizza. La napolitana, con bordes gruesos y centro delgado, es suave; la romana es más crujiente; la contemporánea apuesta por masas altamente hidratadas. Todo depende del horno, del tiempo de cocción y del resultado que se busque.
“La masa está viva”, dice. Harina, agua, sal y levadura. No hay secretos, solo comprensión del tiempo y del ritmo de las levaduras, como ocurre con el vino o el queso.
Cultura italiana que se comparte
En Italia, la pizza es individual. En Colombia, se comparte. Por eso Pane y Pomodoro adapta formatos sin traicionar la esencia. También ofrece talleres de pizza donde los asistentes aprenden a hacerla como en un restaurante italiano: desde la masa hasta la cocción, pasando por el armado y el disfrute final.
Más que un curso, es una experiencia cultural.
Ocho años defendiendo la pizza como debe ser
Este 8 de marzo, Pane y Pomodoro cumple ocho años en Medellín. Ocho años insistiendo en que no todo lo redondo con queso es pizza. Que se puede innovar, sí, pero sin vender gato por liebre. Que la tradición no es rigidez, sino respeto.
En febrero, mes ideal para hablar de placer, encuentros y buena mesa, Pane y Pomodoro se presenta como lo que es: un pedazo de Italia en Medellín, donde la pizza no se reinventa, se honra.